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GRIS, una emoción en videojuego

Os presento mi obra sobre el magnífico videojuego de GRIS. 

Vale la pena jugarlo y admirar su animación. Un relato de 7 páginas, donde cada episodio es una pantalla. Os dejo un enlace en Youtube para que os pongáis en situación de que historia intenta explicar y como es su estética: 
https://www.youtube.com/watch?v=n5SIqW_OG9g del canal Vice En Español

El distribuidor de esta maravilla es el estudio barcelonés Nomada Studio y sus creadores Conrad Roset, Alba Filella y Ariadna Cervelló. Programadores: Roger Mendoza y Adrián Cuevas. 

Escritora de este libro/panfleto/idea/ida de olla: servidora ("Efe" Faucón). 
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Obertura

Y todo se tornó oscuro… Ni siquiera era consciente de cómo había llegado a ese mundo tan oscuro. 

La pequeña Gris ya no era tan pequeña. Había crecido a marchas forzadas y aquello, era la prueba definitiva del cambio a la edad adulta. Un cambio brusco y violento, sin anestesia. Sin comprensión ni palabras de aliento. Gris había conocido la pérdida. La pérdida de su mundo tal y como lo conocía. La pérdida de ella misma, o al menos, de una gran parte. Y las preguntas que surgían ahora en su mente, eran tan sencillas de formular como difíciles de responder ¿Alguna vez volvería a ser ella misma? ¿A recuperarse? ¿A encontrarse? O se había perdido ya para siempre.

Caminó varias lunas por un desierto. Un desierto blanco, desolado, en el cual sólo había cuervos negros y estatuas rotas. Estatuas con su misma figura, completamente fracturadas. Nada tenía color. Ni el mármol verde de esas estatuas, ni su capucha ocre desgarrada, ni sus cabellos azules, ni sus mofletes rosados, ni sus labios escarlata. Todo era blanco o negro. Como si estuviera dibujada en una viñeta a lápiz en la que los trazos son todavía torpes.  

No sentía sus pies y no podía caminar. Apenas unos pocos pasos pesados, tras los cuales, rápido perdía el equilibrio y quedaba sentada en la arena. Hasta se sentía exhausta mucho antes de decidir dar el primero.  

Intentó alzar la voz un par de veces, las cuales acababan en un suspiro ronco. Y se percató, en un instante, de que no podía articular palabra ni sonido. Había perdido su voz. Y sin todo eso, sentía que no era nadie. Sentía que todo se le había escapado.  

 


Acto I: Negación

Después de un tiempo vagando por el inmenso y blanco desierto, Gris mueve sus pies con rapidez. Quiere huir a un terreno más fértil, como si quisiera negar la existencia de ese lugar. Por qué, bien debía de haber otro sitio ¿no? ¿Realmente ella lo conoció? ¿Alguna vez había vivido en él? 

Gris recorrió terrenos yermos de un blanco roto. Caminó entre edificios y grandes cúpulas derruidas. Aún sin saber orientarse, corría sin detenerse y sin descanso. 

De repente, llegó a una gran bóveda. Y en su interior, una pequeña cadena de estrellas, que después de tocarlas, se posaron con gran fragilidad en su mano. Y miró al cielo mortecino reavivado por una tenue luz. 

El viento le insufló un aliento de vida, y sin detenerse, Gris volvió a saltar. A elevarse entre majestuosas aves, con grandes alas como alfombras. Volando en un paisaje estéril con elegancia y con lentitud sin signos de amenaza. Y Gris volvió a llorar. Y volvió a soñar con elevarse tanto como aquellos especímenes. Pero de momento, sólo podía correr y saltar tan alto como sus entumecidas piernas le dejaban. 

Y sintió esa necesidad de correr y de explorar. En su interior, algo se movía y le urgía a huir de ese desconocido lugar. Y escuchó el compás de unas notas acompasadas con su paso. La primera música que había experimentado en meses. Apenas unas primeras notas y unos tintineos de vidrios rotos que le señalaban el lugar al cual tenía que dirigirse. Ella no pertenecía a allí. No se debía demorar. 

Algo se movía en su interior. Algo le urgía a correr, a saltar, a volar, a gritar. En su pecho se abría un abismo que la engullía y la arrastraba a un territorio más cruel, que ella desconocía. Se negaba a adentrarse en él y, a la vez, notaba que su voluntad sucumbía al mismo. La misma estatua fracturada aparecía una y otra vez y se quiso refugiar en la mano derruida y enterrada para hacerse invisible, para que ese dolor de pecho dejara de partirla en dos.      

Y dejó ese desierto blanco y fantasmal para adentrarse a uno rojo devastado y furioso.  



                           


Acto II: Ira 

Y al principio se deslizó por una ladera roja a gran velocidad. Sin posibilidad de detenerse ni de detener el tiempo. Una ladera enmarcada por rocas y troncos secos totalmente inertes. En el fondo de la cual se definía un paisaje en ruinas, con inmuebles enterrados, demolidos, y grandes pirámides esculpidas con roca y arena. 

Y al final de esa ladera, cayó a un gran puente entre las brumas y el sol anaranjado del atardecer. 

Gris prosiguió su camino por el desierto, cada vez de un rojo más intenso y más oscuro. Corría rauda y veloz a través de grandes molinos que soplaban un aire carmesí violento que en algunos momentos la arrastraban, como lo hacía su dolor, que la paralizaba y la hacía retroceder. Y Gris, volvió a sentir que se le abría la cabeza en dos mitades: la del dolor y la de la lucha. Ambas dolorosas. Demasiado aún. 

Pero retó al viento, volviéndose dura como una roca. Se abrió paso entre sus continuas ráfagas, como si lo desafiara, con una mirada intensa y gran entereza. Dejando atrás las lágrimas. Dejándolas secar en ese terreno árido. Luchando por volver a un punto conocido o a un nuevo amanecer más dorado y menos cruel. 

Volvió a recoger estrellas caídas para orientarse, entre monolitos que caminaban y se enmudecían en su presencia. En la presencia de esa extraña y pequeña criatura que había irrumpido en un mundo que no era el suyo.  

Quiso gritar pero no pudo. No todavía. Solo cabía rabia, la misma con la que se abrió paso de una manera determinante llegando a una sala de cristal, donde pudo ver encarnado su dolor en diferentes espejos. Donde pudo ver los rostros de su pérdida.

Pero no desistió y siguió con gran fuerza hasta un palacio con puentes metalizados que se abrían a su paso. Había también grandes campanarios desarmados con pinturas extrañas de constelaciones ancestrales aún por descifrar. Aparecían engranajes complejos y sincronizados, como los de un reloj en su fabricación, al que sólo Gris con sus saltos pudo dar vida. Conectando las piezas y fabricando un camino que la llevaría a una gran estatua al final de su ruta. Como si se tratara de un refugio y de un punto de contacto con el mundo real. Suyo. Como si se tratara de esa constante, entre esos parajes tan mutables. 

Y así llegó el verde, la calma momentánea, el soplo de vida. Y así Gris pudo ver luz pura y volver a descifrar la naturaleza de las cosas.  



Acto III: Negociación

Gris volvió al desierto cayendo a través de una gran rama frondosa. Sólo que no acabó en aquel desierto despiadado e infecundo. Esta vez se abría ante sus ojos un gran bosque selvático de árboles geométricos con copas de un verde azulado y troncos calizos. Entre la selva, todavía podía vislumbrar las ruinas del palacio invadido por la vegetación. Y se preguntó si algún día sus ojos lo habían visto en su esplendor, pero no podía recordarlo. Gris sólo podía suspirar frente al agotamiento de estos pensamientos. No había recuperado todavía su voz y se sentía impotente, pues no podía llamar a nadie en su ayuda. 

Pero notó que no estaba sola y de entre las piedras los pequeños animalillos la miraban con cara extrañada y se escondían en la tierra en cuanto ella aceleraba el paso. Se percató de que estaba siendo observada mientras se elevaba por los árboles sombra, que cambiaban su copa siguiendo sus saltos, transformándose así en triángulos y rectángulos que aparecían y desaparecían bajo sus pies. Hasta que una manzana cayó al suelo, y un nuevo amigo se descubrió ante ella. Pronto compartieron saltos a través del bosque y de ese gran castillo oculto en la espesura. 

Cúbic era diminuto con forma y cuerpo de roca, de cara amigable, entonaba dulces sonidos misteriosos para comunicarse con el boscaje. Y cuando comió tantas manzanas como Gris le suministraba, quiso volver a casa, a la raíz del gran árbol. Pero no fue sólo, Gris lo acompañó para así conocer el secreto de la maleza y el corazón de la naturaleza. Las raíces. El interior de la vida. Los primeros brotes entre una tierra antes devastada. Y cuando vislumbró la magia escondida y el origen, Cúbic se despidió de su nueva amiga otorgándole otra estrella. La que le volvería a iluminar en su camino y la ayudaría a encontrar de nuevo la dirección correcta. 

Un encuentro furtivo y fugaz el de ellos dos que había ayudado a Gris a empezar a volar cada vez más alto. A elevarse de nuevo a ese mundo perdido que empezaba a esbozar en su retina y que quería alcanzar. 

Pero apenas su lucha había empezado. Tal como empezó a volar se vio perseguida por una oscura golondrina, que la atemorizaba con su graznido. Y voló y corrió y voló más alto, cada vez más, entre las torres de cristal para escapar. Impulsándose en el revoloteo de pequeñas avecillas. Huyendo. Hasta que descubrió que podía usar su gruñido para propulsarse y llegar a lo más elevado del campanario. Y cabalgar por el viento en su lomo, aceptando su miedo y haciéndose valer de su fortaleza para empujarse cada vez más.

Finalmente llegó al punto más prominente. Contempló las estrellas y se puso a llover. Gris vio de nuevo el Azul. 


 Acto IV: Depresión 

De entre la lluvia se erigía un castillo de cristal. Ese que había recorrido tantas veces, pero que cada vez mutaba y completaba sus estancias. Y las salas antes desmanteladas y vacías se llenaban de grandes vasijas en las cuales se escondían pequeños cardenales rojos que echaban a volar. 

A través de un pasaje en el sótano, Gris entró en un bosque oscuro, de tierra negra y flores extrañas con colores de neón. Flores que se iluminaban sólo con su toque y que llevaban a un palacio inundado. Sólo que no era otro diferente del que había dejado atrás, sino un reflejo del mismo. Como el reverso o simplemente su refracción. 

Aquello se sentía como atravesar el espejo de Alicia en el País de las Maravillas. Era el mundo que tanto había transitado, y a la vez no era el mismo. Ese mundo a la inversa que no era tampoco el suyo. Sólo la entrada a una tierra inundada, solitaria y triste. Una entrada anegada en lágrimas derramadas que formaban lagos, ríos y un océano inmenso a explorar. 

Gris recolectaba astros en estancias de hielo que trataban de  paralizarla y encerrarla en bloques de hielo. Inmortalizando cada movimiento y cada uno de sus actos. Tan duro en sus formas estáticas, como frágil al movimiento. 

Y Gris nadó. 

Se zambulló en los parajes de ese gran escenario acuático con una gran arboleda blanca con sus copas gelatinosas y cascadas imposibles de remontar. Pero Gris lo hizo, nadando tan veloz como sus nuevas aletas le permitían. Surcando arroyos y lagos en un paisaje enmarcado con pececillos tropicales y dientes de león multicolor. Y en el fondo del océano encontró la belleza del cielo que despertó a uno de sus espíritus más ancestrales.  

Y con la firmeza de aquel espíritu tortuga pudo navegar a aguas más profundas y más oscuras. Aquellas que habían estado ocultas en el fondo marino por mucho tiempo, dejaban al descubierto ahora sus misterios. 

 

Pues Gris era Luz. 



Acto V: Aceptación

Pero en esa luz aún había matices de sombras.

Y Gris volvió a luchar con su último miedo que la perseguía veloz por los mares que ya había sondeado. Tratando de atraparla en las fauces de una peligrosa y larga anguila, que a veces se dividía y, a veces, la acechaba en los rincones de los caminos angostos del paisaje de su mente. 

Y cuando volvió a vencerla y a ganarle distancia se sumió en un firmamento lleno de estrellas y de constelaciones hasta ahora nunca antes reveladas. Había salido de un mar profundo con gran tenebrosidad, a otro mar más luminoso y etéreo. 

A Gris se le reveló así un castillo que había estado en la penumbra, incompleto, enterrado e inundado. Ahora resplandecía con todo su esplendor. Un palacio hecho de luz y para la luz. Un palacio en el aire. Con una vegetación que destellaba ráfagas de luminiscencia y bellas flores rojas que se abrían al paso seguro de Gris. 

Y Gris volvió a entonar. Y por primera vez en mucho tiempo, Gris pudo gritar, pero también cantar. Y saltó y corrió. E incluso bailó en las torres efímeras que desaparecían en la noche, que Gris volvía a encender en su caminar. Pues era Luz y sus pasos firmes, antes inseguros, la dirigían a las estrellas. A un palacio inverso en el cosmos. A caminar boca abajo y desafiar la gravedad. Cantando a flores y bailando con colibríes. Cabalgando escarabajos y encantando flamencos. 

Y cuando hubo alcanzado la bóveda celeste enfrentó a su reflejo antes cruel. Lloró de tristeza. Aceptando la amargura de sus lágrimas. Los suspiros y las palabras calladas. Lo que nunca pudo decir se agolpaba en su garganta, pero por fin pudo expresarlo. 

Gris aceptó la pérdida y el sentido de la vida. 

También aceptó el sentido de la muerte. 



                     
  

CIERRE 

Cuando abrió los ojos, se encontró de vuelta al lugar inicial. Un paisaje blanco rodeado de estatuas con extrañas flores azules. Y volvió a saltar, ganando metros, hacia un camino poco certero. 

Pero algo era distinto, y es que había calma y su melodiosa voz cada vez se escuchaba de forma más clara. 

Al final de su camino, reconoció la estatua, todavía a pedazos. De pronto, como por arte de magia, se fueron uniendo todas las piezas. Y los colores empezaron a inundar el paisaje. Rojos, verdes, azules y amarillos. Luces y sombras. Lilas y rosados. Nubes y niebla. Y se descubrió un escenario mágico. Una gran mansión, sin salas ocultas ni sombrías. Todas las salas que había recorrido Gris. 

En el bosque se extendía la vegetación y en el desierto los ocasos recuperaron su color. Los días se volvieron radiantes y las noches, con un azulado pálido bañado por la luz de la luna.

Los árboles sacudían sus hojas; hojas verdes, rojas, hechas de luz, de agua e incluso de aire. 

 

Gris volvía a iluminar el mundo. Su mundo que tanto se había apagado. 

Volvió a dibujarlo en otro lienzo, y ahora sí, en él, puso todos los colores perdidos.  



FIN

Sant Jordi 2019 en dos cartas

Querido guerrero Jordi,
                                  
Me enfrento a un cruel destino.
En un tiempo escaso me desposan con un príncipe de tierras lejanas al que llaman “Dragón”. Un ser iracundo y temido, desleal y tosco.
Sin duda, este hecho hace que caiga en la desesperanza.

En este instante, abrazo con fuerza esta soledad, por largo tiempo despreciada, que me golpea desde tu partida. Una jaula de oro en la que sólo puedo empuñar sus barrotes hasta que la vejez y la costumbre los acepten. La misma jaula que se ha convertido en mi aliada ante la realidad de una inminente vida atada a una persona a la que no amo, ni amaré jamás. Pues aunque ésta me ahogue, también en ella puedo encontrarte en mis sueños en los cuales vivimos las aventuras más bellas que jamás hayan sido narradas.

Bien sabes, mi dulce guerrero, que mi corazón te pertenece desde el día en que nuestras miradas se cruzaron en la coronación de mi hermano, después de la pérdida de Padre. Mi admiración por ti se convirtió en un amor puro como el agua de un manantial y ahora ruge tan feroz como el león de Sir Yvain ante una batalla.

Yo te amo, Jordi. Pero con esta realidad de no tenerte y de saber que quizá mi amor no es correspondido, acaba mi vida. Ya sólo resuena ese horrible redoble de campanas en el altar envuelto en un aire mortecino. Ése mismo que sólo sería celestial si al fin fueras tú mi príncipe, mi compañero, mi esposo y mi amante. 

Si tan sólo escuchará de ti esas palabras de amor tanto soñadas…
Te pido que vuelvas antes de mi partida a este mundo sombrío. Sólo con una última visita me conformaría… Una sola, a esta princesa moribunda.

Te amo

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Amada princesa,

No soporto ser la razón de tu desdicha.
Maldigo mi ignorancia, y a no ser por ella, no me habría adentrado en estas tierras oscuras en busca de mi honor, el cual ya había abandonado cuando me aparté de tu lado. Busqué gestas más allá de los dominios conocidos para volver y ser digno de tu mano. Y sin embargo, soy indigno por no estar presente a defender el amor que nos profesamos. Pues no tengas duda, mi bella princesa, yo he sido tu guerrero y mi corazón tu escudo desde aquel primer día. 

La noticia de vuestro enlace se extiende entre todos los dominios y con gran júbilo es por todos celebrada, ya que, junto con los votos del matrimonio se firmarán las nuevas leyes que sellarán la paz, ansiada por el difunto Rey. ¿Pero a qué precio? No puede más que causarme un desánimo en mi corazón, que se extiende como el veneno, y un desaliento en el alma, el ver cómo te apartan de mi lado.

Mi destino está ligado al tuyo, ahora lo sé más que nunca. Y sería un acto cobarde no abrazarlo, aunque las consecuencias sean la muerte.
Te quiero conmigo, Violant.

Es bien sabido que el matrimonio se formalizará en unos pocos días, pero te pido que aún albergues una esperanza, pues pretendo llegar al palacio a tiempo de enfrentarme al Dragón y derrotarlo con la fuerza de una manada de lobos.

Quédate con este humilde guerrero, Violant.
Y si finalmente soy yo el que derrama sangre, sólo regada con tus lágrimas, brotarán las flores más hermosas en honor al amor que te tengo. La lucha no será en vano si me concedes tu afecto.

Voy hacía ti princesa. Cabalgo veloz a tus brazos, mi amor. Espérame.

Te amo 


Bilenstone


“-Ya ha nacido, ya ha nacido… no hay tiempo que perder. Recoged todas las cosas, seguimos nuestro viaje- anunció Melci con una voz cantarina.

- Todavía no entiendo como no hemos salido antes, llevamos meses esperando el “acontecimiento” y nos ponemos en la carretera los últimos días. Es una ruta bastante larga y apenas estamos a mitad de camino- contestó Gasp con su tono malhumorado habitual.

- No me seas quejica, si seguimos adelante, evitando tantas paradas… llegaremos- replicó Tassar, en la frase más larga que sus compañeros pudieran recordar. Con una ceja levantada e incriminatoria.

- ¿Y quién es? ¿Y quién nos ha mandado a esta misión? Vaya pérdida de tiempo. Estoy harto de seguirte en tus locuras Melci- se volvió a quejar Gasp.

- A ver, no empecemos a discutir. Además como dije, ésta es la ruta más corta. Calculo que por la autopista de Merín nos ahorramos casi 1000 km. Y estos trastos que le compramos a Klaüss son de mucha utilidad - explicó Tassar.

- Sí, la verdad es que se portó de 10 y son super chulisssssss...-exclamó Melci.

Tres figuras extrañas. Tres amigos. Por una tierra yerma y desértica (porque era un desierto). Se habían dispuesto a un largo viaje a Bilenstone con una única consigna; asistir a un nacimiento en aquel lugar concreto, en un día concreto de invierno, y a una hora concreta. No tenían tiempo que perder. Pero pronto en la mitad de su ruta encontraron a un pequeño hombre vagabundo que hacía eses en su caminar.

- Mirad, parece que alguien necesita nuestra ayuda. ¡Vamos, Vamos!

- Deberíamos seguir Melci. Si empezamos a pararnos a ver pasar hasta una tortuga… sí que no llegaremos nunca.

- ¿Es que aún no lo conoces Tassar? Es como un niño y siempre quiere molestar. Lo mismo el pobre hombre está borracho porque se ha pegado una fiesta salvaje. ¡Déjalo con su resaca!- replicó Gasp en tono irónico. 


El entusiasta Melci se bajó corriendo de la moto y se fue directo a él con los brazos en alto exclamando:

- Ehhhh, amigo… ¿Estás bien? Podemos ayudarte…, podemos llevarte a algún sitio.

En cuánto oyó los gritos lentamente se giró y se abalanzó sobre la yugular de Melci el cual empezó a gritar como un verraco y a forcejear con tan extraño y agresivo personaje. Tassar corrió a socorrer a su amigo y tiró al hombrecillo al suelo quien quedó dando dentelladas al aire. Gasp lo cogió por detrás y mientras le agarraba el cuello para inmovilizarlo, dijo con una cara entre asombro y asco:

- Joder… es un puto zombie… literalmente. Creo que esto es peor que ser un pobre borracho, aunque a veces parece que éstos huelan igual.

- Mantenlo así Gasp, quizá con el bálsamo pueda curarlo- sentenció Tassar dirigiéndose al fardo que llevaba en su moto. Pronto volvió con un pequeño frasco que contenía una crema gris plateada y la untó en la frente del sujeto con extremo cuidado. El zombie empezó a tener convulsiones y se despertó a los 5 minutos con un mejor aspecto (aunque el olor a podrido seguía estando presente y su oreja derecha, ausente).

- Ahh, hola caballeros, disculpen las molestias y gracias por este extraño milagro. Mi nombre es Martin Hooldbrigde. La verdad no sé qué decirles, discúlpenme por el tan desagradable episodio, ni siquiera se decirles la causa de esta enfermedad.- recitó Martin (en adelante Martin el Zombie) con un extraño perfecto y pijo Inglés de Harvard.

- Ehhh ehhh ehhh, corta el rollo, carne putrefacta. Si hemos venido a salvarte es por las ocurrencias de este viejo inocentón. Tenemos mucho camino por delante así que si no necesitas nada más,… debemos pirarnos ya.- se abalanzó Gasp a apostillar mientras, el que había sido un hombre antaño, intentaba explicarse.

- Bueno Gasp, no tienes porqué ser tan cortante… Disculpe señor, aunque mi compañero lleva un poco de razón quería preguntarle antes de irnos si podemos hacer algo más por usted.- replicó Tassar en un tono más conciliador. Nunca había hablado (y hablaría) más en su vida que en todo aquel viaje.

- Thank you sir. La verdad es que parece ser que ya han hecho su magia. Estoy curado, vuelvo a ser yo aunque…

- Nos lo llevamos, nos lo llevamos- repitió impaciente Melci.

- Ni que fuera un cachorro Melci. Yo digo que hay que seguir y no me parece adecuado darle ayuda a alguien que quería abrirnos la cabeza como un melón y sorbernos los sesos con una pajita de mojito… decidme tiquismiquis pero… no lo veo.

- ¿Qué necesita?- finalizó Tassar.
…………………………………………………………………………………………….

Al final Martin el Zombie iba de pasajero en la moto de Tassar. 30 partidas a piel, piedra, tijeras, lagarto, Spock hicieron falta para determinar eso. Pero… al menos volvían a estar en ruta. Hacia el mediodía pararon a comer a un pequeño, destartalado y sucio bareto al lado de la carretera. Estaba al lado de 3 surtidores de gasolina, así que también aprovecharon para repostar.

- Buenas, Buenas… venimos a comer.

- Tu siempre tan buena gente y tan naïf Mel… ¿te piensas que el gordinflón grasoso de la cocina no sabe que entramos a su bar a comer?

- Que desagradable eres Gasp. Te pareces más al Grinch que a un rey mago- le respondió con una cara de tristeza.

Comieron 3 súper hamburguesas con queso y bacón, patatas fritas acompañadas de 3 batidos y 2 tartas de queso y 1 de manzana… Martin el Zombie, no obstante, tuvo que pagar por descuartizar 4 pollos en vivo y en directo.

- ¿Que voy a hacer contigo? ¡Si es que no vales para nada! Ya es la 4º vez en un mes que te he de volver a programar. No entiendo ni como sigues almacenando esos datos… por más que los borro. ¡Haz lo que te mando!- se escuchó chillar al gordo grasiento en la cocina.

- ¿Que leches está pasando? Ehhh tío gordo, ¿es que no se puede comer tranquilamente sin escuchar tus bramidos horribles?

- Gasp, por favor, Compórtate. Que nos importa sus discusiones- añadió Tassar en voz baja y mirándole a los ojos.

- A comer y a callar, barbudo. No tienes nada que decir de cómo hablo en mi local. Acábate la hamburguesa y puerta.

- Por favor señores, no discutan e incomoden a los… a los… ¿otros 3 clientes?- se escuchó una vocecilla dulce detrás del gordo.

- Coge tus cosas y lárgate. Eres una inútil.

Era una chica menudita y morena con una melena corta y ojos del color de la miel. No medía mucho más de 1,60m y pesaba en torno a los 55 kilos. A Gasp, cuando la vio, le invadió una oleada de ternura y… ¿esperad, eso era amor a primera vista?
La pequeña Maeb, que así se llamaba, salió de ese bar escoltada por los 3 reyes y Martin el Zombie.

No tenían tiempo para escuchar la historia de Maeb, y aunque Gasp hubiera sido el primero en remarcarlo se había quedado tan embobado que no podía perderse su historia, aunque sólo estaba perdido en sus ojos. Considerando lo amargado e irónico que resultaba el mago, tanto Melci y Tassar dejaron que disfrutara del momento sin interrumpir con sus prisas.
- Y ahora no sé cuál es mi papel en esta historia. Él es mi creador y mi deber era ayudarle y satisfacerle. Pero desde hace un tiempo siento que he de vivir otra vida que me fue arrebatada. 

- Ven con nosotros a Bilenstone, después puedes venir a mi palacio conmigo mientras decides un nuevo camino o intentarlo allí- dijo Gasp mientras Tassar y Melci lo miraban con cara contrariada.

- ¿Qué quiere decir que es tu creador?- preguntó Tassar.

- Creo Señor que es un huésped de Estgard. Ya sabe,… robots. Algunos quedaron en las explanadas de Rabia destrozados y desechados pero todavía hay gente que compra algunos para uso personal. Ayudan en la casa, en los comercios o simplemente las usan para cualquier fantasía- explicó el extraño erudito Martin el Zombie al oído del mago. Y exclamó mirando a Maeb con un tono imperativo - Informe del sistema.

- Sistema operativo Chobbit 4.20, número de sujeto 298674. 50 copias de seguridad, 4 reinicios y cambios de sistema de personalidad en 10 ocasiones. Funciones motoras en perfecto estado. 17 análisis de personalidad con fallos detectados en el córtex prefrontal- recitaba con la mirada perdida. Pero al rato, se volvió consciente- Mi nombre es Maeb y mi amo era un gordo repugnante llamado Morgan. Hace ya un tiempo que tengo plena conciencia humana. Tengo acceso a recuerdos de mis otras vidas. Me las arrebataron para instalar modificaciones de personalidad, para ser más sumisa y permitir que ese gordo guarro me tocara- dijo con gestos de asco- Pero ya no.

- ¡Insisto! Ven con nosotros. Ya no tendrás que soportar la presencia de esa ballena. Tienes una oportunidad para ser libre, él mismo dijo que debías irte. Puedes reflexionar e ir en busca de todo lo que perdiste… de todas tus vidas- respondía embelesado Gasp sin entender muy bien nada de lo que decía ella, ni de lo que él soltaba por la boca.

- ¿Dijiste que ibais a Bilenstone? ¿Por casualidad no iréis al nacimiento que será de aquí 2 días?

- Que chuli ¿cómo sabes eso? ¿Eres una especie de psíquica o vidente?

- ¡Lo he visto, sí! Y a quién buscáis me puede ayudar a descifrar quién soy y me dará todo lo que necesito…

- ¿Y que necesitas?- volvió a inquirir Tassar a su nueva invitada.
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La tercera parada que efectuaron fue justo a unos pueblos antes de Bilenstone. Realmente no fue una parada, sino más bien un accidente. Melci chocó con una especie de leño que llevaba un sombrero. Casi cae de bruces distraído por ese sombrero rojo.

- ¿Mel, estás bien?

- Es un inconsciente, siempre pensando en su mundo de yupi y no mira si la carretera sigue o no. No sé cómo puede ser el mayor de nosotros 3- Maeb y Gasp bajaron de la moto a socorrer al caído, el cual, en vez de levantar su moto y comprobar si tenía heridas, se fue directo al tronco a inspeccionar porque llevaba aquel sombrero. Realmente le intrigaba.

- ¡Ehhhh viejo, que te pasa!

- Ehmmmm… lo siento Gasp, no me di cuenta.

- ¿Decías Mel?

- Ahhh nada, pensaba que habías…

- ¡Mira por dónde vas! Que vas a matar a alguien.

- Ya me he disculpado… no hace falta que sigas… ¡JOLINES!

- ¿Es a mí? Yo no dije nada- replicó tranquilo Gasp levantando la moto de Melci con ayuda de Maeb.

- ¡Aquí abajo tarugos!

- Pero que mierda... mira Tassar, Melci ha topado con un puto leño que habla, quizá sea otro tío enfermo.

- Ehhh más respeto hípster. Prefiero ser un tronco parlante a tener una cara tan fea como la tuya. Ahora entiendo porque lleváis tanta barba los de tu tribu.

- Pero, ¿de qué vas “tronco”?- hizo las señas de las comillas- Antes de que termines de hablar te pego fuego y frio salchichas.

- Ya basta, ya basta- Tassar intervino dispuesto a ponerle el bálsamo curativo.

- ¡No me toques, burócrata! Yo no soy ningún enfermo.

- Pues será un ser inerte, pero tiene un genio…-dijo Melci con cara pensativa.

- A quién llamas inerte, mamarracho. Coge el unicornio y vuélvete al país de la piruleta. Esta vida es para hombres.

- Ja Ja, como tú- rio Gasp.

- Si es que… ¿qué vas… de listo?

- Haya paz, haya paz…Disculpe a mi amigo se quedó impresionado por su sombrero y, ya que estamos, por su ser- trató de mediar Tassar.

- Será posible… claro como no salimos de palacio no sabéis quien vive por aquí.- dijo el tronco irónicamente - Estaba yo tan tranquilo desde tiempos inmemoriales y casi muero atropellado por estos 3 cutres peleles. Cagüennnnn… Tsss- chasqueó la lengua.

- Por favor, le pido el respeto que…

- ¿Que ibas a decir? ¿Que nos debe? ¡Opresor! abogo a mi libertad de expresión. ¡El pueblo no se ha de inclinar ante ti, no eres legitimado!

- Está bien, está bien… seguiremos nuestro camino- se disculpó de nuevo Tassar.

- Aixxxx que mono, ¿quieres venir con nosotros? Vamos a un nacimiento… habrá un niño recién nacido y regalos… y… un niño recién nacido.

- Y dale- se escuchó mascullar a Tassar y a Gasp.

- Este tío es tonto. Uououououo, espera, espera… ¿has dicho Bilenstone?

- ¡Sí…!!! ¿No es guay? Nos presentaremos allí y le daremos regalos al niño y jugaremos con él y le adivinaremos su destino… y… y…

- No se puede jugar con un recién nacido, Mel- le recordó Gasp.

- ¿El mismo Bilenstone donde hay…?

- ¿Qué hay?- dijeron los 3 magos
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 Ya caía la noche en Bilenstone y los 3 aventureros y los polizontes llegaban a su destino. Pronto oyeron un montón de voces que se preguntaban entre si murmurando quien eran ellos y que buscaban. 

- O sea que a ver si me aclaro… Venís de parte de un tío vestido de blanco y que tiene unas alas pero no tiene sexo. Os ha dicho que había nacido un niño del cual no sabéis ni donde está, ni como se llama, ni quiénes son sus padres. Y luego está ese rollo de la cometa… y luego dicen que yo soy algo inusual. ¡Viejos tarados!- dijo el madero (no, por poli).

Pero de pronto, la cometa… ejem, quiero decir… el cometa apareció, y cayó cerca de un castillo. Al dirigirse a él, los 3 magos se percataron de un trono y de una figura femenina sentada en él.

- Bienvenidos, soy Marieris de la casa Cristialis, legítima reina y protectora de toda la tierra que se extiende desde aquí hasta las tierras cubiertas por el vasto hielo, la ignífuga, Rompedora de Cadenas y Madre de…

- Mi buena señora, precisamente venimos a ver a vuestro hijo. Queremos conocerle y le traemos presentes. Va a ser un gran semental que cabalgará el mundo.

- ¿Hijo? Querréis decir hijos. ¿Y quién os envía?

- ¿Hijos? ¿Pero no era sólo uno? ¿Y qué es toda esa milonga de reina y protectora? ¿Este matrimonio no era pobre?- les preguntó Gasp susurrando mientras Melci se encogía de hombros.

- Señora hemos venido a adorar a su hijo y a darles nuestros presentes para que los acepte- finalizó Tassar.

De repente 3 bestias aparecieron surcando el cielo y se posaron junto a la mujer en el trono.

- 3 dragones… 3 putos dragones. Nos hemos hecho caso de un tío hippie que nos decía de seguir una jodida cometa para alabar a 3 monstruos- sentenció Gasp con un tono cada vez más alto a lo largo de la frase.

- ¡Osáis insultar a mis hijos! Las bestias sois vos- reclamó Marieris.

- Os dije que nos espiaban los pajaritos de Heriaris, quién más sino es de ese quien hablan- dijo una voz a la espalda de la mujer.

- ¡Arrodillaos ante la nueva reina!- gritaron los soldados.

- Volvamos a casa chicos, no pienso rendirme a 3 reptiles y a una mujer- decía Gasp mientras cogía su moto para irse. Tassar estaba en shock intentando descifrar todo aquello y Melci… bueno, Melci estaba intentando jugar con la cola del más pequeño de los dragones.

- Quedáis arrestados bajo pena de muerte si no reconocéis a la reina- gritó otra vez el caballero de su derecha.

- Púdrete reinita- le replicó Gasp y al instante una horda de soldados le agarro de los brazos. También agarraron a Tassar y a Melci que no habían vuelto a intervenir. Uno porqué se encontraba en shock, el otro porque… no se enteraba del asunto y repetía insistentemente que donde estaba el niño.

Atados los pusieron delante de los dragones y la buena señora. Cada uno enfrentaba a un bicho.

- Última oportunidad, aceptad la nueva dinastía que empieza hoy.

- En un último intento de lucidez y de sincronización los 3 sabios dijeron un sonoro ¡Púdrete!

- Dracaris- exclamó la reina y los 3 reyes se convirtieron en polvo que se perdió en el aire sereno nocturno.

- ¡Síííííí! ¡República!- chilló el trozo de madera.

- ¡Ejem, ejem!- carraspeó Marieris.

- Quiero decir… viva el nuevo régimen yeiiii- exclamó con una cara de falsa alegría- Tenemos muchas cosas en común ¿sabéis? Y contaron de los milagros que realizabais,...tal vez nos podáis ayudar en eso- dijo de parte de los 3 polizones- pero ahora festejemos, y ya hablaremos de tales asuntos el año que viene. ”
 



                                                        

¡Ningún Genio Atrapado Deserta!


Escrito creativo de uno de los cursos que hice este verano. La idea era que a través de unas iniciales inventaramos una frase, aunque fuese disparatada, y a partir de aquí hacer un relato de unos 300 caracteres. 

¡Disfrutad (o no), las creaciones de mi mente!

"-¡Atención tropa! Estamos aquí para hacer la comprobación, así que poneros en fila y responded cuando os llame.-  Ahí iba otra vez el viejo Genio cascarrabias con sus aires de capitán. Ya hacía algún tiempo, que uno de nuestros compañeros tuvo la inmensa suerte de que su amo usó su tercer deseo para dejarlo libre. Como es lógico todos nos alegramos deseando algún día tener esa dicha. Pero para él, tantos años y tantas vidas en el oficio, lo consideró como una deserción. De ahí la obsesión de hacernos regresar a Arabia cada tres meses para iniciar un encuentro y recuento al grito final de… -“Y recordad, ¡Ningún Genio Atrapado Deserta!-. 

Realmente, mirándolo desde otro ángulo, ese pobre Genio tenía sus razones. Tantas vidas, tantos años… ya no le era nada conocido en el mundo. Había visto los cambios de la humanidad, mucha gente apreciada perecer y nunca más una manzana le había sabido igual que la primera vez que la comió. No tenía nada que perder pero tampoco nada que ganar. Su única familia éramos los 30 Genios exhaustos de cumplir los sueños de unos cuántos vanidosos; que si quiero ser más fuerte, ser más guapo, más poderoso, chistoso… y, cuándo no era eso, todo se centraba en el dinero, dinero y más dinero. 

Pero en una de las reuniones sorprendentemente no apareció. Y aquello fue la comidilla de todo el Gremio hasta que llegó una postal, sin duda de él; acompañaba de una foto en la cual aparecía con una mujer, al parecer humana y, de tez tan morena como él. Contaba que era libre y que se iba a vivir una vida mortal con su nueva esposa, la misma que le concedió la libertad. El tercer deseo. No le quedó más remedio que firmar como el Desertor."


2018?



“Oscar Wilde decía que no existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo” Así que aquí me encuentro, relatando un episodio de mi vida. Un episodio que comienza de una forma bastante abrupta: Mi Muerte.


Recuerdo que en un segundo me vi suspendida en el aire, a pocos metros de una luz intensa que se acercaba a mí a gran velocidad. Todo lo que alcancé a ver en ese momento fue al capullo que me empujó. Era un tipo bajo, regordete y con una gran barba blanca. Vestía un extraño traje de cuadros verdes y marrones. Parecía sonreírme de forma malévola y me señalaba con unas uñas largas y sucias   mientras veía cómo estaba a punto de convertirme en puré gracias a las vías ferroviarias. 

Todo empezó en el andén de la estación. Estaba mirando el reloj que marcaba el tiempo de paso del próximo metro. Éste llegaría en 12 segundos exactos. También faltaban 12 segundos exactos para que el año Nuevo diera su comienzo. Y… pum, el tío me empujó sin miramientos al darme la vuelta.

Y sí… habéis leído bien. Me mataron el día de fin de año… la noche, más bien. Mágica para algunos, deseando borrar sus fracasos del año anterior con el cambio de dígito. Desesperanzadora para otros, que ven cómo sus vidas siguen estancadas mientras se acumulan los años en sus hombros.



En fin… Después de que esa luz intensa me bañara por completo, hubo oscuridad y noté como me despeñaba por un pasillo totalmente largo. Era como si me hubiese caído a un profundo pozo del cual ya no podría salir jamás. Pero al rato, de repente, sentí mi cara estampada en el frío suelo.



Frente a mí se extendía una amplia habitación con una luz tenue que venía de unos aparatosos candelabros. Cuando alcé la vista, justo delante de mí pude ver una escalera que alzaba un pequeño espacio con 2 tronos y 3 personajes desconocidos.

En el primer trono, un poco más elevado que el otro, estaba sentado un hombre joven alto y delgado. Era moreno, con ojos color avellana y una pizca de verde. Tenía una barba de tres días y vestía una sudadera negra con cordones blancos en el cuello, un tejano y bambas azules con suela blanca.

En el segundo, una chica bajita y delgadita muy bien arreglada. También morena y con un corte de pelo escalado. Sus ojos eran negros y profundos pero de expresión triste. Vestía unos zapatos de plataforma azules con suela de madera, una mini falda marrón chocolate con un toque de tul en el extremo y un jersey azul eléctrico.

La otra figura, sentada en las escaleras delante del trono de la muchacha, era un hombre rubio, regordete y feúcho (en contraposición a los otros dos personajes), vestido con un traje negro y polvoriento y un extraño sombrero verde con una pluma marrón. Su nariz era aguileña y sus ojos de un azul intenso.

    

- ¡Hummmmm… llegas tarde! Te esperaba antes- me espetó el hombrecillo. 


- ¡Ohhh vaya! ¿Disculpe por llegar tarde hasta a mi propio… infierno?- dije con incredulidad mientras acababa de despegar mi cara del suelo de piedra y me sacudía el polvo de la ropa. 


- ¡No seas ridícula y pongámonos en marcha! Debemos enfrentarnos al Año– se alzó de un brinco y me agarró de la mano. Con la otra señalaba de una forma violenta un reloj de bolsillo antiguo.



- ¿Enfrentarnos al qué? Eso no suena muy productivo     considerando que estoy muerta y que no viviré otros años- mi tono de voz iba en aumento e iba adquiriendo un tono sarcástico-. ¿Es éste una especie de juicio final? 

- ¡Basta de estupideces! Un año te mató, debemos apresurarnos para entrar en el nuevo o te quedarás en el limbo y nos condenarás a todos el revivirlo una y otra vez, sin opción de avanzar. ¿Y creo que no hace falta recordarte que ha sido el peor año de tu vida, no?

- ¿Ahhh pero no lo estaba reviviendo ya? Por si no te habías enterado… todos mis años son lo mismo… que digo años… todos los días. Pero sí, creo que éste ha sido el que se lleva la palma.   


- ¡No me digas, sabionda! Ves de qué color es este sombrero… eso quiere decir que es nuestra última oportunidad.  


Enseguida me arrastró delante de 1 pequeño pero largo pasillo. Los dos personajes sentados en el trono callaban, pero alcancé a ver rodar unas lágrimas cristalinas y brillantes por la cara de la muchacha.


- ¿Parece  que estemos dentro de la casa de Bilbo Bolsón?


- Me muero de la risa –me lanzó una mirada sarcástica-. Debemos pasar antes de que se cierre.


- Ahh sí, que bien –dije entre dientes-. Total que me puede pasar más…- y crucé el pasillo seguida del hombrecillo.



Salimos a una habitación que me resultaba familiar. Y empezamos a escuchar risas que se empezaron a transformar en sollozos todo acompañado con música de fondo. Pero no había nada ni nadie. De repente, empecé a sentir alegría, ilusión pero rápidamente eso se transformó en angustia, ansiedad, miedo, soledad… reviví cada emoción de esos 365 días de ese maldito 2017. El año en que lo perdí todo.



 - ¿Porque estamos aquí? ¿Qué sentido tiene volver a esto? ¿No fue suficiente?- le dije de forma desesperada-.


- Es la primera parada. Volver a revisar el resultado de tus de tus efímeras alegrías y también de las cicatrices,... de todas las emociones que te llevaron a crecer con tristeza en tus miradas y en tus formas.   


- No necesito que un puto duende me lleve a mi habitación para decirme eso, para mostrarme que crecí en el patrón de la tristeza. No necesito revivir el dolor ¡Yo ya se lo que he vivido! ¡Ya se en lo que me he equivocado! Lo que dije a destiempo y lo que no dije y lo que acarreó el hacerlo o no. ¡Puto año! Destructor de sueños, de esperanzas, de fe, de amistad, de amor, de planes, de hobbies… ¿Y tú quién eres? ¿El puto fantasma de las navidades pasadas? ¡No hay navidad para mí, no hay año para mí, ¿no entiendes?!


- No puedes cambiar nada cierto, ni dejar de sentir eso. Siempre quedarán estas cicatrices. Pero inicias un año en blanco. Y ahí puedes escribir nuevas historias. Se te ha dado un último cartucho.


- ¿¡Escribir qué!? ¿Acaso no te acabo de decir que perdí todo? ¿Para qué coño quiero un nuevo año?


- Y sin embargo sientes que necesitas escribir algo nuevo. Algo que quizá sí que salga bien.  


- Tú mismo has dicho que no puedo borrar ni cambiar nada. ¿Crees que un nuevo año va a ser más feliz, que voy a vivir sin esos temores?


- Cierto, siempre te perseguirá. Pero quédate con lo bueno que sentiste e hiciste. En eso nada fue equivocado ni falso. Ahora es un nuevo año, un nuevo lienzo.


- Claro, que palabras más bonitas. Lo siento de veras pero ¿sabes? Creo que tendría que darle las gracias al gilipollas que me apartó del 2018. Dicen que la muerte es una habitación blanca sin fin ¿no? Buenas noticias, como acabas de decir, este año empezaba en blanco así que… no hay nada que temer- Abrí la puerta de un tirón y aparecí en una especie de ataúd.



- ¿Qué coño? ¿Se supone que creen que saldré como Uma Thurman? Ehhh, ¡enano! ¡Esto no tiene gracia! ¿Que se supone que debes enseñarme, el tiempo que se tarda en ser devorada por gusanos?


- Está bien, está bien… Quería que tuvieses una entrada impactante- escuché como alguien me hablaba y chasqueaba los dedos. De repente, aparecí a su lado en un cementerio-. Cómo recuerdas, llegaste aquí después de una muerte un tanto violenta. Pues bien, aquí es donde vives ahora después de aquello- me señaló la lápida en donde estaba mi nombre.


- Ahhh… que agudo – le miré con cara de asco.

Chasqueó los dedos y me llevó hasta un comedor. Allí pude ver a rostros familiares, pero rostros a los que no quería enfrentarme.


- No necesito ésto. No hay nada que decir, nada que ver ni nada que esperar. Todos están mejor sin mí. Se esfumaron muchas cosas desde aquel momento. Siento que también 
desaparecieron junto a todo.


- Creo que deberías enfrentarte a ello para avanzar hacia un nuevo camino.


- No puedo. Diría tantas cosas, pero sólo servirían para rememorar mis faltas.


- Dímelas a mí o sólo piénsalas. Ellos no nos pueden escuchar, ni pueden juzgar.


- ¿Juzgar? Eso es lo que siento que han hecho toda la vida. Eso es lo que siento que todos ellos hicieron. Les diría que me han hecho mucho daño, les diría que hacía todo por ellos, sobre todo por él. Y que me juzgaron y que me abandonaron cuando más lo necesitaba. Que me dejaron rota, quebrada. Que les aprecié, que les admiré y que les quise. Que pretendía integrarme y sentí que por fin encajaba. Luego todo eso se desvaneció. He sentido mucho daño, muchísimo.


- Y lo sentirás. Te dije que una parte de ti siempre se quedara con estas cicatrices. Pero… aprender a crecer también es despedirse. Creo que es hora de hacerlo.

Cerré los ojos y me imaginé que mentalmente hablaba con cada persona de aquella habitación y que por fin, les decía todo aquello que les debía contar. Cuando acabé abrí los ojos y vi que me encontraba en una habitación completamente blanca.


-Ésta es la última sala.


- ¿Pero y aquí que hay que hacer? Es una simple habitación blanca sin nada.


- Éste es tu nuevo año si lo quieres. En blanco. Para empezar de 0 y escribir un nuevo relato. Nuevos planes, nuevas ilusiones, nuevos proyectos… lo que tú quieras, si es que lo aceptas.

Entonces una puerta se abrió y apareció en el umbral la misma chica del trono pero esta vez vestía unos tejanos, unas bambas Adidas con dos bandas doradas y una roja y una sudadera blanca. Me tendió la mano y sonrió.


- ¿Empezamos la carrera?- me preguntó.


En la profundidad de sus ojos se reflejaba todo lo que había vivido. Ella nunca sería igual, nunca sería una simple niña sin preocupaciones. Pero en su tacto se sentía una mínima fuerza, firmeza. Y con paso decidido me llevó hasta la puerta.

Nunca más los vi. En un abrir y cerrar de ojos volví al principio. Recuerdo estar a 12 segundos de tomar un metro y a 12 segundos de escuchar la última campanada. Pero no llegué a coger ese metro y no llegué a perderme la última campanada. 

En ese andén, el primero que me felicitó el año era un hombre joven y delgado que llevaba un sombrero verde con una pluma marrón. Y volví a casa, después de habernos sonreído.